Citas Bíblicas

 

 
QUÉ HACER CON NUESTRO DINERO
 

La gran mayoría de las personas que han comprendido el error doctrinal que es el diezmo moderno, después se encuentran desconcertadas en cuanto a lo que deben hacer con el dinero. Estas personas, luego de haber recibido una enseñanza errónea (algunas durante muchos años) tienen temor de estar faltándole a Dios si no utilizan el dinero en algo referente a la iglesia, si no apoyan a su pastor, etc.
Esta sensación de intranquilidad a menudo los hace sentirse culpables ante Dios, y les cuesta administrar su dinero y no saben el manejo que de él deben hacer.
Para orientarnos en este tema, vamos a buscar en la Biblia las directivas reales que el Señor ha dado, sin omitir ningún versículo, ni una coma, ni cualquier otro signo gramatical, a fin de conocer exactamente la verdad tal como el Señor nos la ha dado a conocer.
El pasaje de la Escritura que vamos a analizar se encuentra en el evangelio de Lucas: (Lc:12:13-34)
Como veremos, el tema en cuestión comienza en el versículo trece, (vs.13) no antes. Aunque, a decir verdad, concluye en el versículo cincuenta y nueve. (vs.59) Sin embargo, el tema que nos ocupa, (saber cómo administrar nuestro dinero) se clarifica al llegar al versículo treinta y cuatro, (vs.34) por ello hemos obviado deliberadamente los otros veinticinco versículos, los cuales analizaremos en otra oportunidad si el Señor así lo dispone.
Hecha esta aclaración, vamos al análisis:

“Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia.
Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?
Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”
(vs: 13-15)

Lo primero que necesitamos saber es qué es la avaricia, a fin de saber exactamente de qué nos debemos guardar.
La avaricia es el afán desordenado de atesorar riquezas y bienes.
Ahora bien: cuando leemos la palabra “avaricia” por lo general no pensamos que el Señor se esté refiriendo a nosotros; pues cada uno de los que estamos leyendo este pasaje, justificándonos a nosotros mismos, creemos que las riquezas que atesoramos es lo correcto; no es ni mucho, ni demasiado.
Cualquiera puede estar pensando en este momento: “bueno, tengo cierta cantidad de dinero en el banco, pero no es tanta como otros tienen, es sólo un poco de dinero que guardo por algún caso de enfermedad, o falta de trabajo, etc; de manera que no soy avaro”
Esta puede ser en este momento mi manera de pensar, y estoy seguro que lo es también de todo aquel que lee, tenga o no dinero en el banco, porque tal vez no tenga usted una cuenta en el banco, sino que el dinero que posee lo tiene en su casa. En realidad, no importa dónde tenga usted el dinero, ni siquiera importa si tiene dinero o no. Lo que importa es no tener avaricia.
Hay muchas personas que no tienen dinero, es decir, no tienen riquezas, pero si las tuviesen las atesorarían pensando en que tal vez algún día les hará falta, ya sea por enfermedad, o por lo que sea.
Todas las personas en el mundo piensan de la misma manera: Guardar para los días malos.
Pero el Señor dice: “…guardaos de toda avaricia…” Esto es, no atesores nada, ni mucho, ni poco. Nada.
¿Por qué dice esto el Señor? Por que si has de morir mañana, ¿qué sentido tiene guardar?:

“También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre había producido mucho.
Y él pensaba dentro de sí, diciendo: Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos?
Y dijo: Esto haré derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe regocíjate.
Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que haz provisto, ¿de quién será?
Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.”
(Lc: 12:16-21)

Esta parábola enseña que la vida del hombre no consiste en los bienes que el hombre posee. Y que los frutos y los bienes que se atesoran para los días que nos restan vivir, no son útiles cuando el alma deja este mundo. De manera que no sirven para que el alma repose, coma, beba y se regocije.
Sintetizando: Los tesoros de la tierra no nos dan garantía de muchos años de vida y tampoco los podemos llevar con nosotros el día que dejemos este mundo. Por otra parte, estos tesoros no tienen valor en el reino de Dios; de manera que es una necedad guardar y acumular riquezas.
Por eso el Señor dice: “Mirad, y guardados de toda avaricia…”
En otras palabras: “No os hagáis tesoros en la tierra…” (Mt:6:19)
Ahora bien:
Tal vez usted se pregunte, (al igual que yo) ¿Qué comeremos, y qué vestiremos mañana si hoy no guardamos?
Veamos:

“Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido.
Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?
¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo?
Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿Por qué os afanáis por lo demás?
Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?
(Lc: 12:22-28)


Verdaderamente no creo que pueda expresarse con más claridad. El Señor dice, de una manera sencilla y clara, que no debemos afanarnos pues Dios cuida de nosotros.
Pero, por si no ha quedado claro, sigamos leyendo:

“Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.” (vs: 29-30)

Ahora sí está claro ¿verdad? “no os preocupéis…” La gente del mundo se preocupa y busca estas cosas, pero usted y yo, no tenemos motivos para preocuparnos por ellas, básicamente porque no somos de este mundo.
Veamos si entiendo: El Señor dice: No te hagas tesoro en la tierra pensando en el mañana. No te hagas tesoro, y tampoco te preocupes por el mañana; pues no sabes si mañana estarás aun en esta tierra, y si lo estás, el Padre celestial te proveerá lo que necesites, esto es: alimento y vestido.
(¿Significa esto que no debemos trabajar? No. De ninguna manera. No es ese el tema que el Señor está desarrollando. El Señor está diciendo que no debemos acumular riquezas pensando en el mañana y poniendo nuestra fe en las riquezas. No está hablando de dejar trabajar.)
Bien:
Hasta aquí el Señor dice lo que no debemos hacer: No atesorar, ni preocuparnos.
Ahora, el Señor nos indica lo que sí debemos hacer:


“Más buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.” (vs:31)


¿Qué es buscar el reino de Dios? Veamos:


“No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye.” (vs: 32-33)


“No temáis” dice el Señor, pues sabe que lo que nos está diciendo nos causará temor. Porque desprendernos de lo que poseemos, (sea mucho o poco lo que tengamos) es algo que provoca en el hombre una sensación de inseguridad.
El pensamiento humano es más o menos así: “Si vendo lo que poseo y doy limosna, me quedo sin nada para mañana; tal vez, si supiera que he de morir mañana lo haría, pero en el caso de que no muera, lo voy a necesitar”
Ese es el pensamiento humano y el Señor lo sabe, por eso dice: “no temáis”
Ahora bien:
¿Qué sucede cuando damos limosna desprendiéndonos de lo que poseemos?
La respuesta es: estamos invirtiendo en el cielo. Es decir, en vez de estar acumulando en la tierra, estamos haciéndolo en el cielo. Nuestro tesoro celestial es mayor a medida que más limosna damos a los pobres.
El dinero debe ser invertido en dar a los pobres.
El Señor nunca dice: “da el diezmo a la iglesia” o “invierte en los misioneros” No. Nada de eso dice el Señor. El Señor no hace diferencias, se le debe dar a todo aquel que no tiene qué comer, o con qué cubrirse. Obrando así, hacemos la obra del Señor, quien nos da de comer, y también nos viste.
El Señor nos invita, como hijos suyos, a cumplir con su obra.
Por ello es que el dinero debe ser invertido en quien no tiene qué comer, o con qué vestirse; sólo así se atesora en el cielo.
Recuerde que los ejemplos que el Señor ha dado en este pasaje, son: “los cuervos”, a quienes Dios da de comer; y “los lirios”, a quienes el Señor viste. Por ello es que decimos que se trata de alimento y abrigo.
Veamos lo que el Señor le dice al joven rico:
“…vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme (Lc:18:22)
Vemos que la única manera de hacer un tesoro en el cielo, según la Biblia, es dando a los que nada tienen.
Ese tesoro celestial, está formado por frutos y bienes eternos; los cuales no se devalúan, no se arruinan, no envejecen, no se deterioran y nadie puede robarlos.

Veamos algunos ejemplos bíblicos que confirmen esta afirmación:
1- En los comienzos de la iglesia se ayudaba a los necesitados::
“Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.” (Hch: 4:34-35)
Nótese que no se repartía entre toda la iglesia, sino sólo entre los necesitados, y según lo que estos necesitaran: comida, o vestido.
Nótese además, que ninguna persona está obligada a desprenderse de lo que posee. Ni aun en los primeros días de la iglesia se pedía esto. En cuanto a esto, Pedro le dice a Ananías:

“Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder?” (Hch:5:4)

Así pues, no estamos diciendo que si usted tiene una heredad, tiene la obligación de venderla. Tampoco estamos diciendo que tiene que vender todo lo que posee y dárselo a los pobres. Eso es algo que usted, y solo usted debe decidir. No estoy tratando de incentivarlo a que lo haga. No crea que lo estoy motivando a hacerlo. No. Nada de eso. Solo estoy analizando la Escritura a fin de darle una respuesta a todos aquellos que quieren hacer la voluntad de Dios en cuanto a las finanzas.
Bien. Sigamos con los ejemplos:

2- Pablo enseñó que se debía trabajar para tener con qué ayudar a los necesitados:
“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados…” (Hch. 20:35)

3- Las iglesias de Macedonia y Acaya, reunieron una ofrenda para enviar a los pobres de Jerusalén: “Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén” (Ro: 16:26)
(Esta ofrenda es la que se trata en los capítulos ocho y nueve de la segunda epístola a los corintios)
Nótese que la ofrenda era sólo para los pobres.

4- La única recomendación que los apóstoles: Jacobo, Pedro y Juan, dieron a Bernabé y Pablo, fue que no se olvidaran de los pobres:
“Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.” (Gál: 2:10)

5- También es digno de destacar que Cornelio era un hombre que "hacía muchas limosnas al pueblo y oraba a Dios siempre" y estas "oraciones y limosnas subieron para memoria delante de Dios." (Hch:10:1;4)

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo se debe utilizar el dinero según las indicaciones de la Escritura.
-Nos resta aclarar, que no es bueno ante Dios, quitarles a los pobres para darles a los ricos:

“El que oprime al pobre para aumentar sus ganancias, o que da al rico, ciertamente se empobrecerá” (Pr: 22:16)
Nótese que esto es precisamente lo que se logra con la falsa doctrina del diezmo moderno.

-Se debe dar a quien tiene menos que nosotros, para que haya igualdad:

“Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad.” (2Co: 8:13-14)

Los pastores, si verdaderamente son discípulos de Cristo, no debieran tener riquezas, pues el Señor a quien representan, no tenía posesiones. “…el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.” (Mt: 8:20)
Todo pastor debe ser ejemplo de la grey, de manera que para ser coherente con lo que Cristo enseña, debiera vender sus posesiones y dar limosna, limitándose a tener sustento y abrigo: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” (1Ti: 6:6-8)
Hay muchos cristianos que diezman porque creen que esa es la voluntad del Señor; pero se equivocan. Cada cristiano que quiera atesorar bienes y frutos para la eternidad, debe ayudar a los necesitados, socorrer a los pobres, visitar a los enfermos y dar a los que nada tienen.
Un día el Hijo del Hombre vendrá en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria. Tal vez usted sea uno de aquellos a los cuales el Señor diga:

“…venid benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.
Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”
(Mt: 25:34-40)

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