Citas Bíblicas

LO QUE PERTENECE A DIOS (Mt:22: 21)

Cuando los discípulos de los fariseos y de los herodianos le preguntaron al Señor si era lícito dar tributo a Cesar, o no; la respuesta que el Señor Jesucristo les da es repetida casi de manera idéntica en los tres Evangelios Los tres evangelistas dicen que el Señor respondió:
“…Dad pues a Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios.” (Mt:22:21; Mr:12:17; Lc:20:25)
También coinciden en que sus interrogadores se maravillaron por la respuesta.
Ahora bien, nos preguntamos, ¿Por qué se maravillaron? Sin duda que algo de maravilloso debe tener esa respuesta porque la Escritura así lo dice, pero, ¿Qué tiene de maravilloso la respuesta del Señor?
Para descifrar este misterio es necesario saber el significado de toda la frase, para ello vamos a ir analizándola por parte. Veamos:

Primeramente el Señor dice:”Dad a Cesar lo que es de Cesar”  Para saber a qué se refiere el Señor necesitamos leer detenidamente todo el pasaje. Veamos lo que dice:

“Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César…” (Mt:22: 15-21)

Aquí podemos comprobar que lo que le pertenece a Cesar es el dinero, ¿Verdad? El Señor dice que el dinero le pertenece a Cesar porque tiene “la imagen y la inscripción” de Cesar
Pero el Señor agrega algo a la respuesta que hace maravillar a todos los que lo escuchan. En la segunda parte de la respuesta el Señor dice que hay que darle “a Dios lo que es de Dios”
Nosotros, casi dos mil años después de ese suceso, nos preguntamos: ¿A qué se refiere el Señor? ¿Qué es aquello que le pertenece a Dios?
He escuchado a muchas personas (entre ellas a varios “pastores”) que dicen que el Señor se está refiriendo al diezmo en este pasaje. Hacen esta afirmación utilizando la siguiente lógica: Así como hay que pagarle impuesto a Cesar, hay que darle el diezmo a Dios. (eso es lo que ellos dicen)

Bueno, hemos de coincidir en que eso es sólo una suposición pues el relato en ningún momento dice que se trate del "diezmo".
Permítame preguntarle algo: ¿A usted qué le parece? ¿Será así? ¿Es posible que el Señor Jesucristo se esté refiriendo al diezmo (dinero) cuando dice que hay que darle a Dios lo que es de Dios?
Obviamente, usted sabe que de mi parte no estaré de acuerdo con semejante afirmación. Y si usted, amigo lector, es una persona que estudia la Biblia con ansias de aprender la verdad que Dios le enseña a través de sus páginas sabrá que el Señor no se esta refiriendo al dinero cuando dice que hay que darle “a Dios lo que es de Dios”
Hemos podido comprobar, a través de la Escritura, que el dinero (la moneda) le pertenece a Cesar pues tiene “la imagen y la inscripción” de Cesar. Esto nos lleva a deducir que es imposible que el dinero le pertenezca a Dios. ¡¡¡El dinero no puede pertenecerle a Dios pues es de Cesar!!!
Lo repetiremos una vez más: Hemos llegamos a la conclusión que lo que pertenece a Dios no es el dinero.

Muy bien, ya sabemos lo que no le pertenece a Dios. Ahora usted y yo podemos conjeturar miles de cosas tratando de averiguar qué es lo que le pertenece, y podemos decir que lo que es de Dios es “esto”, o “aquello”, o “lo otro”, o “lo demás allá”, etc, etc. Pero lo que no podemos afirmar, y estamos obligados a dejar de lado y no incluir en la lista es el dinero, pues el dinero es de Cesar.

De más está decir que todo discípulo del Señor tiene la obligación de saber qué es aquello que le pertenece a Dios, pues, si no lo sabe, ¿Cómo podrá dárselo?

Para poder ir descubriendo la respuesta  a nuestro interrogante es necesario aclarar que el Señor agrega en su respuesta algo que nadie le ha preguntado pero que tiene que ver con el tema que ha ido desarrollando.
Es decir, la pregunta de los herodianos fue: " ¿Es lícito dar tributo a Cesar, o no?" Y el Señor respondió que había que darle "a Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios”
De manera que agregó en la respuesta, algo que sin bien no se le había preguntado, tenía que ver con lo que venía hablando.
Para saber qué es aquello de lo cual venía hablando el Señor, tendremos que irnos hacia atrás en el texto a fin de encontrarnos con el comienzo de esta enseñanza.
Aquí cabe aclara que si bien nosotros vamos a guiarnos por el Evangelio de Mateo, el lector interesado puede leer el relato en los tres Evangelios a fin de tener una mayor comprensión del mensaje de Dios. (Mt:21:12-22:22) (Mr:11:15-12:17) (Lc:19:45-20:26)
Comenzemos pues:

“Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó. Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: !Hosanna al Hijo de David! se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman  perfeccionaste la alabanza? dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, y posó allí.” (Mateo:21:12-17)

En estos versículos encontramos el comienzo de la explicación que nos llevará a conocer a qué se refiere el Señor cuando dice que hay que darle a Dios lo que a Él le pertenece.
El Señor Jesucristo echó del templo a los que vendían y compraban diciendo “Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” y sanó a ciegos y cojos. Los muchachos aclamaban y alababan a Dios, pues el templo se había convertido en aquello que se espera de él. Sin embargo los principales sacerdotes y los escribas se indignaron reprochándole que por su culpa los muchachos estaban aclamando; pero el Señor Jesucristo les hizo ver que esos muchachos alababan a Dios, algo que ellos no hacían.
Al otro día el Señor volvió al templo a enseñar, y los principales sacerdotes volvieron a pedirle explicaciones acerca de lo que hacía. Veamos lo que dice el relato:

“Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad? Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.”
(Mt:21:23-32)

Lo que los sacerdotes quieren saber, es quién le dio autoridad para echar a los cambistas y enseñar en el templo. Lo más importante de este pasaje es que deja entrever que los principales sacerdotes no creyeron el mensaje de Juan y estaban rechazando también a Jesús. El Señor, por su parte, está reclamándoles no sólo por la negligencia manifiesta en el cuidado de las cosas de Dios, sino también por sus malas obras; pues no han andado en camino de justicia y ni siquiera se han arrepentido de ello ante la predicación de Juan el Bautista. Esos son los temas centrales de la discusión, como veremos en la parábola de los labradores malvados:

“Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?

Esta parábola es una perfecta alegoría de lo que aconteció con la nación de Israel; en ella podemos ver que “El padre de familia” es Dios, “la viña” es la obra que les encomendó a los israelitas, quienes a su vez son “los labradores”. “Los siervos” enviados por el Señor son los profetas, a quienes la nación de Israel rechazó.
Es importante destacar que al relatar la parábola Jesús dice que por último el Señor envió a su hijo, esto nos da a entender que después de Jesús Dios no enviará más profetas a Israel, aunque la iglesia sí los tuvo.
El tema principal de esta parábola es que los labradores no daban el fruto que el Señor requería y golpeaban, apedreaban y mataban a todos los mensajeros de Dios que les requerían que cumplieran con Dios.
Ahora bien, ¿qué es lo que hará Dios al respecto? Veamos:

“Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.” (Mt::21:43-46)

El Señor Jesucristo concluye diciendo que el reino de Dios les será quitado. La causa de esto es que ellos no han producido frutos. Los sacerdotes reconocieron que hablaba de ellos y buscaron la forma de sorprenderle en alguna palabra para acusarlo ante los gobernantes. (Lc:20:20)

Así pues, hemos llegamos al pasaje en donde dimos comienzo a nuestro estudio en el cual tratábamos de dilucidar a qué se refiere el Señor cuando dice que debemos “dar Dios lo que es de Dios” y concluimos maravillándonos por las palabras del Señor, y diciendo que lo que pertenece a Dios, según el contexto de la enseñanza, son los frutos de justicia.
Toda obra de justicia tiene el sello de Dios, por lo tanto le pertenece a Dios, pues Él es quien nos capacitó para hacer buenas obras. Por eso cuando hacemos una buena obra estamos dando a Dios lo que es de Dios.
Nuestras buenas obras glorifican a nuestro Padre que está en los cielos, logran que los hombres vuelvan su mirada al creador y hacen que el mundo se ilumine guiando a los hombres por el camino de la salvación. (Mt:5:14-16)
Las buenas obras las preparó Dios de antemano para que anduviésemos en ellas durante todo el tiempo de nuestro peregrinaje en la tierra (Ef::2:10)

El Señor Jesucristo dijo " Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados."(Mt:5:6) es decir que todos aquellos que quieren hacer buenas obras tienen oportunidad de saciarse de ello en el reino de Dios.

Los escogidos de Dios llevan vestiduras blancas, las cuales representan sus buenas obras (Ap:3:18) “porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Ap:19:8) por eso Dios echó al hombre que no estaba vestido de bodas pues no tenía en sí obras de justicia. (Mt:22:11-14)
Pero “muchos son llamados y pocos escogidos”, de manera que le animo amigo lector, a que procure ser uno de los escogidos de Dios andando en camino de justicia, iluminando al mundo con su andar justo, dando con sus buenas obras la gloria que el Padre se merece.
Dios quitó su reino a los principales sacerdotes y a los fariseos porque ellos no daban fruto; pero usted entrañable lector, con sus buenas obras, puede darle a Dios lo que es de Dios, amando a su prójimo, en un andar recto y justo, como es digno de todo hijo de Dios, para gloria de nuestro Padre celestial.