Citas Bíblicas


LIBRÁNDONOS DEL PECADO:

“…porque haciendo estas cosas no caeréis jamás.” (2P:1:10)

Desde que estamos en la Web hemos recibido muchos correos de hermanos que están sujetos a algún pecado del que no pueden librarse y eso les causa dolor. Los pecados más comunes a los que nos hacen referencia son el adulterio, la fornicación, las borracheras, las mentiras y la avaricia; pero hay otros pecados que, sin ser tan comunes, también son practicados muchas veces por los creyentes, como por ejemplo la ira, la idolatría, la homosexualidad… y en los últimos tiempos hemos recibido correos de personas que tienen problemas con adicciones como la pornografía y los desórdenes alimenticios.
Debido a esto, hemos preparado un artículo que esperamos sea de ayuda a todos los que lo lean, acerca de cómo enfrentar nuestras adicciones para librarnos de ellas. Este artículo nos muestra la verdad en cuanto a lo que la Biblia dice que somos, y en base a esa posición que tenemos, (heredada de Cristo) nos guía a obtener la victoria sobre el pecado.
Es decir, usted necesita creer lo que la Biblia dice acerca de Dios, del pecado, de Satanás y de usted mismo, a fin de aferrarse a la verdad y dejar de lado el engaño bajo el cual está sujeto. Si usted ha creído en Cristo, ahora es un hijo de Dios.
Pero ahora bien, si no ha creído en Cristo, entonces usted aun no forma parte de la familia de Dios; y por lo tanto este artículo no le será de utilidad. Este artículo ha sido diseñado especialmente para aquellos que tienen a Jesús en su corazón. Si usted aun no le ha recibido como Salvador y Señor, escríbanos para que podamos ayudarlo.

Sé muy bien lo que es “luchar” contra los deseos de la carne y he participado casi en los mismos pecados que usted; pero gracias al Señor, que supo librarme de los pecados que me mantenían en un estado de muerte, hoy puedo hablar de aquello como un suceso del pasado. Y aunque aun hoy sigo enfrentándome con el pecado que me asedia, ahora sé cómo enfrentar la tentación.
Permítame compartirle unas enseñazas que lo ayudarán a salir de su estado de muerte:

El problema básico por el cual los hijos de Dios no pueden librarse de su pecado es el desconocimiento de la verdad. El Señor dice: “La verdad os hará libres” de manera que hay que buscar la verdad para librarnos del pecado.
Lo primero que necesitamos saber es que, si bien estamos muertos al pecado, no estamos muertos para Dios.

“Así también vosotros, consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Ro:6:11)

Usted está muerto al pecado, pero no está muerto para Dios, usted tiene vida porque desde el momento en que creyó en el Hijo de Dios usted ha pasado de muerte a vida.

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.(Jn:5:24)

Usted tiene vida espiritual porque está en Cristo. Pero antes de recibirle al Señor usted estaba muerto:

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef:2:1)

Sin embargo, a pesar de tener vida espiritual, (la cual ha heredado del Señor) es muy probable que usted viva como en otro tiempo vivía. Es decir, es posible que siga viviendo en sus “delitos y pecados”; de manera que su condición no ha cambiado nada, pues la consecuencia de vivir en pecado es la muerte. Y aunque es un hijo de Dios vive en una condición de muerte, como cualquier incrédulo, debido a que su vida está en pecado.
Decíamos que la consecuencia de vivir en pecado es la muerte; y esto lo podemos comprobar en el libro de Santiago: “…y el pecado siendo consumado, da a luz la muerte.” (Sg:1:15)

Hasta aquí sabemos que, aunque padecemos una condición como de muerte (a causa del pecado que cometemos) Sin embargo, tenemos vida pues esa vida la hemos heredado al haber creído en el Hijo de Dios.

Ahora vamos a ver qué otras cosas hemos heredado del Señor, para conocer toda la verdad que nos hará libres del pecado.
En su primera epístola, el apóstol Juan dice que los que hemos creído en el Hijo de Dios hemos “vencido al mundo”

“¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1Jn:5:15)

Pero, ¿Cómo es eso que hemos vencido al mundo? Los que hemos tomado la decisión de seguir a Jesús hemos abandonado el poder de Satanás, y hemos optado por dejar la corriente del mundo. El apóstol Pablo dice que cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados seguíamos “la corriente de este mundo” (Ef:2:2)
Ahora bien, Juan dice que hemos vencido al mundo. Además agrega que Jesús protege a los hijos de Dios. “…Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.” (1Jn:5:18).

De más está decir que no estamos obligados a seguir la corriente de este mundo. No hay nada ni nadie que pueda arrastrarnos para que desobedezcamos a Dios.

¿Se da cuenta? Veamos lo que sucede:
Con el maligno refrenado por Jesús, y el hecho real de que hemos vencido al mundo, usted tiene el poder para rechazar las tentaciones a las que se ve sujeto. ¿Comprende?

Pero ahora bien: ¿De dónde vienen esas tentaciones? ¿Quién las provoca? ¿Cómo puedo rechazarlas?
Le sorprenderá saber que las tentaciones son provocadas por nosotros mismos. Nuestra propia carne y nuestros propios pensamientos nos atraen y nos seducen para que pequemos.
El apóstol Santiago dice que “…cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (Sg:1:14)  ¿Se da cuenta? Sigamos leyendo al apóstol:

“Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado, y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” (Sg:1:15)

La consecuencia es: “… la muerte

¿Comprende ahora porque cada vez que peca se encuentra en ese triste estado calamitoso desde donde implora: “¡¡oren por mi…!!”?
El pecado solo produce muerte; por eso después de pecar no nos animamos a acercarnos a Dios y lo único que se nos ocurre es pedir a otros hermanos que oren por nosotros.

Ahora bien: Somos una nueva criatura que tiene poder para rechazar el pecado y no seguir la corriente del mundo. Además, sabemos que quien nos atrae y seduce incitándonos a pecar son nuestros propios desenfrenados deseos.
Entonces: ¿Cómo podemos vencer a la tentación provocada por nosotros mismos? La única manera que tenemos es resistir.
¿Cómo resistimos a la prueba? Huyendo. Es necesario huir de la fornicación; huir de la corrupción. ¡Huye!!! No hay manera de ganarle una batalla a la tentación. No se deje vencer por la corriente de este mundo. La orden es: HUID!!!!
Leamos algunos pasajes:

“Huid de la fornicación…” (1Co:6:18)  “Huye también de las pasiones juveniles….” (2Ti:2:22)  “… habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2P:1:4)

Tanto el apóstol Pablo, como el apóstol Pedro, utilizan la palabra: “Huir”

Nuestra propia carne y nuestros propios pensamientos nos atraen y nos seducen para que pequemos. Por eso el Señor dice: "Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese así mismo, y tome su cruz, y sígame." (Mt:16:24) Y ahora él nos ha dado el poder para hacerlo.
De manera que el poder para soportar la tentación y resistir la prueba está en usted, pues Dios ya ha hecho lo suyo:
- Le ha transformado en una nueva criatura espiritual.
- El Espíritu Santo que mora en usted le guía a la verdad.
- Jesús le tiene protegido de manera que el maligno no le toca.

Entonces… ¿Qué más necesita usted para dejar de pecar?
Quizás un último argumento lo ayude a decidirse a abandonar definitivamente el pecado.
¿Sabía usted que la única manera en que puede demostrar su amor a Dios es la obediencia? Dios ha prometido una corona a los que le aman; y ¿cómo demostrarán su amor por el Padre aquellos que reciben esa corona? Pues, soportando la tentación y resistiendo la prueba. Veamos como lo dice Santiago:

“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.” (Sg:1:12)

Obedézcale a Dios. Demuéstrele que lo ama y comience a agregar en su vida las cualidades que son necesarias para no caer jamás. ¿Cuales son aquellas cosas que debemos estar haciendo para no caer jamás? Pedro dice que esas cosas nos han sido dadas por medio de Cristo, y nosotros solo necesitamos ir añadiéndolas a nuestro carácter. Pero nunca podremos empezar a incorporar esas cosas a nuestra vida, si antes no hemos huido de la corrupción que hay en el mundo. Y eso se logra negándonos a nosotros mismos y no sucumbir al deseo de ir tras la voluntad de nuestra carne y de nuestros pensamientos.

“…habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
Porque si estas cosa están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.

Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas no caeréis jamás (2P:1: 4 -10)

 

 

 

 

Cómo amar la vida y tener días buenos. (1P:3:10-13)

A menudo nos encontramos con personas creyentes que viven una vida de tristeza, agobiados por las circunstancias en las que viven y totalmente desesperanzados. A punto tal llega esta desesperanza que les quita las ganas de vivir. Oran a Dios, pero parece que sus oraciones no son contestadas, y siguen en un estado de angustia y depresión. En los salmos se lee: "Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias." (Sal:34:17) pero a veces pareciera que esa promesa no funcionara.
No crea que soy ajeno a esta situación; durante mucho tiempo pensé que la vida realmente no merecía ser vivida. De manera que pasaba mis días esperando al Señor con ansias. Pero, al igual que muchos creyentes, no esperaba la venida del Señor por el solo anhelo de verlo; sino porque simplemente quería ser librado de esta falta de entusiasmo por vivir.
Gracias al Señor, que un día me reveló cual era mi problema, ahora estoy en condiciones de gozar de la vida, pues he sido librado de mi desesperanza.
Vamos a analizar un pasaje de la Escritura, y usted podrá ver lo simple que es llegar a “amar la vida y ver días buenos.”

“Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala.
Porque los ojos de Dios están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?” (1P:3:10-13)

En su primera epístola, el apóstol Pedro nos enseña como librarnos de la angustia, de la depresión, de los conflictos y de toda amargura; a punto tal de llegar a “amar la vida.”
El apóstol Pedro dice: “El que quiere amar la vida” Y estoy seguro que algunos de los que leen este artículo realmente aman la vida. Pero habrá otros que se preguntarán: ¿Es posible amar la vida? Esto se debe a que hay personas que sufren grandes penalidades, por lo tanto no aman la vida. Ahora, justo es reconocer que hay otras personas que no aman la vida a pesar de no sufrir ninguna penalidad.
(También hay aquellos que dicen amar la vida porque temen a la muerte; pero eso es otra cosa.)

Vayamos al análisis: ¿cómo es posible “amar la vida y ver días buenos”, en un mundo insano, lleno de desvaríos y locura crónica, en donde las relaciones humanas se tornan muchas veces insoportables?
A pesar de lo calamitoso que parece ser el mundo, el apóstol Pedro nos instruye acerca de cómo vivir gozosos siguiendo las directivas de Dios.

Primeramente el apóstol nos dice que si queremos amar la vida y ver día buenos debemos “refrenar la lengua de mal” Esto significa que no debemos utilizar nuestra lengua para maldecir, insultar, juzgar, criticar, en riñas, altercados “…enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones…” (Ga:5:20)

Tampoco debemos “hablar engaños” El engaño es una mentira con apariencia de verdad. Es un argumento que contiene partes de  mentira y partes de verdad, y es dicho para aprovecharse de la ingenuidad del prójimo. Se diferencia de la mentira porque ésta es falsa en su totalidad, y por lo general, se dice para encubrir un pecado.

Lo tercero a tener en cuenta es “apartarnos del mal”  Esto se refiere a apartarnos de las obras de la carne: “adulterio, fornicación inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas… los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Ga: 5:19-21)
Esto tal vez no requiera ninguna explicación; sin embargo, permítame decirle que conozco a muchos creyentes cuyo malestar con la vida es notorio, porque no dejan de practicar algunas de estas cosas. Si usted quiere “amar la vida y ver días buenos” debe alejarse de estas obras, de lo contrario su vida será peor que la de un incrédulo. Aléjese de la pornografía, de la glotonería, de la ira, etc.

Ahora bien: No basta con, no hacer el mal, ni basta con apartarnos de las obras de la carne para librarnos de la angustia y la depresión; sino que debemos “hacer el bien” Esto implica someternos a las autoridades superiores (Ro:13:1-6) y además: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo ha cumplido la ley.
Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.” (Ro:13:7- 10)
Amar al prójimo es hacer por otros lo que me agradaría que los otros hiciesen por mí. (Mt:7:12) Por ejemplo: Si anduviese por las calles pidiendo limosna, me agradaría que la gente me ayudase.; si estuviese enfermo, me gustaría que me fuesen a visitar; etc. El Señor dice:

“…Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis por mí.” (Mt:25:34-36)

En quinto término tenemos que “buscar la paz” Esto no se refiere a la paz del mundo, sino a la paz con el prójimo: con nuestra esposa, o esposo, con nuestros hijos, vecinos, amigos, parientes, conocidos, etc El apóstol Pablo dice: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” (Ro:12:17-19)

Por último: No basta con buscar la paz, sino que una vez que la hemos logrado, debemos “seguirla”. Seguir la paz con el prójimo tal vez sea complicado, pero seguir la paz es mucho mejor que seguir una contienda… y más beneficioso. Debemos procurar mantener la paz con todos aquellos que nos rodean y con quienes mantenemos alguna relación, ya sea laboral, de negocios, afectiva, o como sea.

Ahora bien: ¿Qué ocurrirá cuando nosotros hayamos refrenado nuestra lengua; y no hablemos engaños? ¿Qué acontecerá cuando nos hayamos apartado del mal y hayamos hecho el bien? ¿Qué sucederá cuando además de esto, hayamos buscado la paz y la hayamos seguido?
El resultado será que Dios oirá nuestras oraciones!!!!! ¿No es maravilloso? Tal vez usted se preguntaba por qué motivo Dios no responde a sus oraciones. Bueno… quizás usted no está cumpliendo con estos requisitos. Pedro dice que Dios nos dará la espalda si nosotros no cumplimos con estas seis cosas. Oigámoslo:

“Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.” (1P:3:12)

Definitivamente, tenemos que aceptar que Dios obrará a nuestro favor el día que comencemos a vivir de acuerdo a sus mandamientos. Es decir, el día en que seamos justos en nuestro obrar, pues verdaderamente somos justos ante Dios por la fe en Jesús; pero si nuestro Padre no oye nuestras oraciones es porque no somos justos en nuestras obras. Mientras nuestras obras no sean justas, solo recibiremos disciplina de parte de Dios.

De nada vale ir ante Dios a hacerle peticiones si llevamos una vida deshonrosa, una vida que desprestigia el nombre de Dios. No es un buen padre aquel que concede deseos a sus indisciplinados hijos, sino aquel que los disciplina; y Dios nos concederá aquello que pedimos cuando hayamos comenzado a obrar de acuerdo a su voluntad. Dios es un buen Padre; y espera que sus hijos se comporten de una manera honrosa, para que el mundo vea sus buenas obras y glorifiquen al Padre Celestial. (Mt:5:16)
Muchos son los hijos de Dios que andan atribulados, acongojados, deprimidos, angustiados y sin ningún deseo de vivir, ignorando que la solución a esos problemas está en sus manos. Solo tienen que: Refrenar su lengua de mal y del engaño; apartarse del mal, hacer el bien; buscar la paz y seguirla.
Usted está totalmente capacitado para cumplir con estos requisitos. Pero tal vez le parezca que es demasiada tarea; si es así, le sugiero una cosa: comience por lo primero: refrenar su lengua. Es decir: no maldiga, no diga palabras deshonestas, no insulte, no juzgue, no critique, deseche la mentira y el engaño. Tal vez piense que si comienza a comportarse así el mundo lo tomará por estúpido y se aprovechará de usted; sin embargo, no es eso lo que ocurrirá, sino que descubrirá que haciendo estas cosas se cumple lo que dice el apóstol Pedro:

“¿Y quién es aquel que os podrá hacer el daño, si vosotros seguís el bien?” (1P:3:13)