Citas Bíblicas |
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LIBRÁNDONOS DEL PECADO: “…porque haciendo estas cosas no caeréis jamás.” (2P:1:10) Desde que estamos en la Web hemos recibido muchos correos de hermanos que están sujetos a algún pecado del que no pueden librarse y eso les causa dolor. Los pecados más comunes a los que nos hacen referencia son el adulterio, la fornicación, las borracheras, las mentiras y la avaricia; pero hay otros pecados que, sin ser tan comunes, también son practicados muchas veces por los creyentes, como por ejemplo la ira, la idolatría, la homosexualidad… y en los últimos tiempos hemos recibido correos de personas que tienen problemas con adicciones como la pornografía y los desórdenes alimenticios. Sé muy bien lo que es “luchar” contra los deseos de la carne y he participado casi en los mismos pecados que usted; pero gracias al Señor, que supo librarme de los pecados que me mantenían en un estado de muerte, hoy puedo hablar de aquello como un suceso del pasado. Y aunque aun hoy sigo enfrentándome con el pecado que me asedia, ahora sé cómo enfrentar la tentación. El problema básico por el cual los hijos de Dios no pueden librarse de su pecado es el desconocimiento de la verdad. El Señor dice: “La verdad os hará libres” de manera que hay que buscar la verdad para librarnos del pecado. “Así también vosotros, consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Ro:6:11) Usted está muerto al pecado, pero no está muerto para Dios, usted tiene vida porque desde el momento en que creyó en el Hijo de Dios usted ha pasado de muerte a vida. “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Jn:5:24) Usted tiene vida espiritual porque está en Cristo. Pero antes de recibirle al Señor usted estaba muerto: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef:2:1) Sin embargo, a pesar de tener vida espiritual, (la cual ha heredado del Señor) es muy probable que usted viva como en otro tiempo vivía. Es decir, es posible que siga viviendo en sus “delitos y pecados”; de manera que su condición no ha cambiado nada, pues la consecuencia de vivir en pecado es la muerte. Y aunque es un hijo de Dios vive en una condición de muerte, como cualquier incrédulo, debido a que su vida está en pecado. Hasta aquí sabemos que, aunque padecemos una condición como de muerte (a causa del pecado que cometemos) Sin embargo, tenemos vida pues esa vida la hemos heredado al haber creído en el Hijo de Dios. Ahora vamos a ver qué otras cosas hemos heredado del Señor, para conocer toda la verdad que nos hará libres del pecado. “¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1Jn:5:15) Pero, ¿Cómo es eso que hemos vencido al mundo? Los que hemos tomado la decisión de seguir a Jesús hemos abandonado el poder de Satanás, y hemos optado por dejar la corriente del mundo. El apóstol Pablo dice que cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados seguíamos “la corriente de este mundo” (Ef:2:2) De más está decir que no estamos obligados a seguir la corriente de este mundo. No hay nada ni nadie que pueda arrastrarnos para que desobedezcamos a Dios. ¿Se da cuenta? Veamos lo que sucede: Pero ahora bien: ¿De dónde vienen esas tentaciones? ¿Quién las provoca? ¿Cómo puedo rechazarlas? “Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado, y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” (Sg:1:15) La consecuencia es: “… la muerte” ¿Comprende ahora porque cada vez que peca se encuentra en ese triste estado calamitoso desde donde implora: “¡¡oren por mi…!!”? Ahora bien: Somos una nueva criatura que tiene poder para rechazar el pecado y no seguir la corriente del mundo. Además, sabemos que quien nos atrae y seduce incitándonos a pecar son nuestros propios desenfrenados deseos. “Huid de la fornicación…” (1Co:6:18) “Huye también de las pasiones juveniles….” (2Ti:2:22) “… habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2P:1:4) Tanto el apóstol Pablo, como el apóstol Pedro, utilizan la palabra: “Huir” Nuestra propia carne y nuestros propios pensamientos nos atraen y nos seducen para que pequemos. Por eso el Señor dice: "Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese así mismo, y tome su cruz, y sígame." (Mt:16:24) Y ahora él nos ha dado el poder para hacerlo. Entonces… ¿Qué más necesita usted para dejar de pecar? “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.” (Sg:1:12) Obedézcale a Dios. Demuéstrele que lo ama y comience a agregar en su vida las cualidades que son necesarias para no caer jamás. ¿Cuales son aquellas cosas que debemos estar haciendo para no caer jamás? Pedro dice que esas cosas nos han sido dadas por medio de Cristo, y nosotros solo necesitamos ir añadiéndolas a nuestro carácter. Pero nunca podremos empezar a incorporar esas cosas a nuestra vida, si antes no hemos huido de la corrupción que hay en el mundo. Y eso se logra negándonos a nosotros mismos y no sucumbir al deseo de ir tras la voluntad de nuestra carne y de nuestros pensamientos. “…habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas no caeréis jamás” (2P:1: 4 -10)
Cómo amar la vida y tener días buenos. (1P:3:10-13) A menudo nos encontramos con personas creyentes que viven una vida de tristeza, agobiados por las circunstancias en las que viven y totalmente desesperanzados. A punto tal llega esta desesperanza que les quita las ganas de vivir. Oran a Dios, pero parece que sus oraciones no son contestadas, y siguen en un estado de angustia y depresión. En los salmos se lee: "Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias." (Sal:34:17) pero a veces pareciera que esa promesa no funcionara. “Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala. En su primera epístola, el apóstol Pedro nos enseña como librarnos de la angustia, de la depresión, de los conflictos y de toda amargura; a punto tal de llegar a “amar la vida.” Vayamos al análisis: ¿cómo es posible “amar la vida y ver días buenos”, en un mundo insano, lleno de desvaríos y locura crónica, en donde las relaciones humanas se tornan muchas veces insoportables? Primeramente el apóstol nos dice que si queremos amar la vida y ver día buenos debemos “refrenar la lengua de mal” Esto significa que no debemos utilizar nuestra lengua para maldecir, insultar, juzgar, criticar, en riñas, altercados “…enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones…” (Ga:5:20) Tampoco debemos “hablar engaños” El engaño es una mentira con apariencia de verdad. Es un argumento que contiene partes de mentira y partes de verdad, y es dicho para aprovecharse de la ingenuidad del prójimo. Se diferencia de la mentira porque ésta es falsa en su totalidad, y por lo general, se dice para encubrir un pecado. Lo tercero a tener en cuenta es “apartarnos del mal” Esto se refiere a apartarnos de las obras de la carne: “adulterio, fornicación inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas… los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Ga: 5:19-21) Ahora bien: No basta con, no hacer el mal, ni basta con apartarnos de las obras de la carne para librarnos de la angustia y la depresión; sino que debemos “hacer el bien” Esto implica someternos a las autoridades superiores (Ro:13:1-6) y además: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo ha cumplido la ley. “…Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis por mí.” (Mt:25:34-36) En quinto término tenemos que “buscar la paz” Esto no se refiere a la paz del mundo, sino a la paz con el prójimo: con nuestra esposa, o esposo, con nuestros hijos, vecinos, amigos, parientes, conocidos, etc El apóstol Pablo dice: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” (Ro:12:17-19) Por último: No basta con buscar la paz, sino que una vez que la hemos logrado, debemos “seguirla”. Seguir la paz con el prójimo tal vez sea complicado, pero seguir la paz es mucho mejor que seguir una contienda… y más beneficioso. Debemos procurar mantener la paz con todos aquellos que nos rodean y con quienes mantenemos alguna relación, ya sea laboral, de negocios, afectiva, o como sea. Ahora bien: ¿Qué ocurrirá cuando nosotros hayamos refrenado nuestra lengua; y no hablemos engaños? ¿Qué acontecerá cuando nos hayamos apartado del mal y hayamos hecho el bien? ¿Qué sucederá cuando además de esto, hayamos buscado la paz y la hayamos seguido? “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.” (1P:3:12) Definitivamente, tenemos que aceptar que Dios obrará a nuestro favor el día que comencemos a vivir de acuerdo a sus mandamientos. Es decir, el día en que seamos justos en nuestro obrar, pues verdaderamente somos justos ante Dios por la fe en Jesús; pero si nuestro Padre no oye nuestras oraciones es porque no somos justos en nuestras obras. Mientras nuestras obras no sean justas, solo recibiremos disciplina de parte de Dios. De nada vale ir ante Dios a hacerle peticiones si llevamos una vida deshonrosa, una vida que desprestigia el nombre de Dios. No es un buen padre aquel que concede deseos a sus indisciplinados hijos, sino aquel que los disciplina; y Dios nos concederá aquello que pedimos cuando hayamos comenzado a obrar de acuerdo a su voluntad. Dios es un buen Padre; y espera que sus hijos se comporten de una manera honrosa, para que el mundo vea sus buenas obras y glorifiquen al Padre Celestial. (Mt:5:16) “¿Y quién es aquel que os podrá hacer el daño, si vosotros seguís el bien?” (1P:3:13)
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